sábado, 4 de abril de 2009

Octavio Paz. El Laberinto de la Soledad: La Malinche

Reacción a:
Premio novel de Literatura 1990, Octavio Paz. (1998). El Laberinto de la Soledad. España: Fondo de Cultura Económica de España.

Mi reacción inicial a la obra es una profunda admiración por el arte en que Octavio Paz relata sincera y abiertamente su explicación de porqué el mexicano es un “hijo de la Chingada.” Más alla de lo que puede hacer un trabajo académico en antropología o sociología, la narrativa literaria permite apreciar esa realidad a través de un filtro, que aunque es subjetivo, es el resultado de la internalización y reflección de una serie de observaciones por alguien sumamente comprometido e identificado con quien describe. A diferencia de otros autores que abordan el tema de la etnicidad, me ha impresionado el uso de voz en primera persona plural, ya que esta incluye al narrador y por momentos incluso al lector; aunque las conclusiones pueden ser crueles, hay un sentimiento de belleza en esa realidad. Por ejemplo, el desconcierto de sí mismo que presenta el mexicano es síntoma del miedo a aceptar su verdad. Esa intimidad reprimida es evidente en su condición de dominado. Pero la descripción no debe ser así de simple, dice el narrador. Y entonces aborda una profunda reflección sobre la verdad en las “malas palabras”; chingar en particular. El explica como “chingar” es parte esencial de la identidad mexicana, que se refleja en la disposición a agredir la voluntad ajena. Pero aún más perturbador es cómo la contraparte, quien es chingada, alude a la vergüenza del origen del mexicano en su progenitora La Malinche. Así, cobra sentido el refugio que encuentra en la Virgen de Guadalupe. Dudo que los mexicanos conscientemente puedan concederle razón a Octavio Paz, pero considero que la reflección a la que provoca es un reto para que evaluemos nuestros orígenes. Y al comprenderlos podamos desligarnos a favor de nuestra autonomía.

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